sábado, 13 de agosto de 2011

Meeting Mr.Hyde




Pequeño regreso

Amigos lecto seguidores de Palabrero: 
                                                          Para sorpresa de nadie hemos vuelto, nadie nos espera ni nos espere. Este blog se autoreescribirá. Renovaremos todo, es una promesa, esto es un comienzo despues de tana ausencia publico blogativa. Subimos la tapa y contratapa del ultimo numero que pronto se convertira en penultimo.
                                                        
                                                        

Volver a latir

Palabrero numero 10



miércoles, 10 de noviembre de 2010

Ring Raje

   

   Voy llegando a la esquina, mis pies van abriendo paso entre las hojas que el otoño deja a cargo del viento o la vereda, mis manos en el bolsillo acarician una piedra.
No entiendo. Mis manos acarician una piedra, cómo llego hasta mi bolsillo sólo él lo sabe, porque yo, que vengo del trabajo, medio tonto medio cansado entre imaginación salgo a flote y nado, no me pongo a darle importancia a las eventualidades del destino de los cascotes que se me presentan. El viento ya ha poblado mi cara, me ha sugerido cerrar los ojos. Le hago caso. Mejor me parece me detengo, respiro suspiro.

   Exhalo finalmente para avanzar con mi caminata invariable, de pronto de nuevo la piedra. Rozarla nuevamente cautivó los sensores de mis recuerdos. Mis dedos se sintieron más finos, más pequeños y frágiles, infantiles, en una palabra. Me asusté como un nene y no pude cruzar la calle, me volví. Me pregunte qué me pasaba, casi inexplicablemente me dieron ganas de llorar, parecía un purrete de 8 años o de 15, infatigablemente buscaba a mi mami.
Pero súbitamente y al momento pasaron unos chicos en bicicletas de dos ruedas, porque hay bicis de una rueda, me distrajeron y me alegraron, creo que los seguí, corriendo, desesperado, mis zapatillas de lona ruideando. Como nenito me iba transpirando enchivando la remera que tenia debajo del guardapolvo blanco gris de día jueves, me vi solo. En unas cuadras sin gente, con unas calles sin autos, me vi solo. Solito.
   
   Me sentí medio asustado, pero tomé coraje, debía salir de esas cuadras oscuras que la noche iba aumentando, ¡listo, ya lo tenía! Tocaba el timbre y disparaba, rápido acelerado y a
las patadas, picando rápido para que la vieja no me vea, y doblar en la esquina para que no me vea la vieja. Cerré los ojos para apuntar puntería pues tocaría timbre y rajaría, un botón blando debía ser, uno no muy duro, calculando los segundos más el miedo. Vi puertas negras y marrones, timbres lujosos y de varios colores sus botones. Como ciego a alguno iría.
 
   Cuando me decidí estaba parado al frente de uno. Me temblaba el corazoncito, iba a joder a casa ajena, iba a reírme por unos segundos y sentir la adrenalina tras de mi espalda. Saqué una mano del bolsillo, en la otra sostenía la piedra, la apretaba bien fuerte. ¡Cómo me latía el corazoncito! Si un auto se encaprichaba en circular a propósito por esta calle hubiera quebrantado ese estado de niñez cardiaca.

   Cuando me decidí, me encontré corriendo y palpitando. Pasé por el frente de una puerta caoba, salté un piso fresco, me torcí el tobillo a mitad de cuadra, sentí un par de ojos apuntando a mi nuca, y esa sensación entremezclada de miedo y audacia, y sujetaba la piedra fuertemente en mi bolsillo, sentía desarmarme, de captar un escalofrío de mirada aterradora pasé a sentirme complacido por la boba hazaña apunte a reírme y terminé haciendo puchero de miedo temiendo el manotazo que de veras te roza la espalda y te hace correr más fuerte.
 
   Jamás capté correr sin manos en los bolsillos del guardapolvo, con una sostenía la piedra, con la otra juntaba sudor, jamás entendí nada, ni el golpe que según me dijeron fue provocado por una baldosa rebelde, ni por qué cuando me levante del suelo tenía un pedacito de ladrillo que sujetaba mi mano, como nene que junta piedras para la gomera…

Luciérnago Sinluz

martes, 9 de noviembre de 2010

Digitador de Almas

La hija del coronel


Julián tiene 30 años, fue preso político y cuando se refieren a su órgano sexual dicen que es un superdotado.
Vivian, 18 años recién cumplidos, no conoce el sexo y sufre de vaginitis, novia de Julián e hija del coronel que ordenó torturarlo. Ha decidido hacer el amor con Julián.
En la habitación ella pidió que sólo dejasen encendida la luz del baño. El  esbelto cuerpo desnudo atravesó la penumbra durante el andar de la joven apagando y encendiendo luces. Julián la miró y se dijo con  sadismo que destruiría a esa flor que se disponía a abrir sus pétalos.
Cuando el órgano sexual de Julián se asomó en el interior de la muchacha se escuchó un quejido feo, gutural, desgarrado; las manos mojadas de Vivían tomaron el rostro del hombre. Julián percibió el hedor denso de los cuerpos torturados, recordó la picana ávida que buscaba sus carnes para hacerlo sufrir reventándole los oídos y el cerebro, escuchó el canto del torturador que disfrutaba con su dolor…y se alejó del cuerpo de la muchacha y de la cama. Se visitó en silencio y dejó la habitación.
La mayoría de las venganzas, grandes o pequeñas, no se llevan a cabo porque el vengador desiste, es que el odio no es inmune al tiempo y a la inocencia.
                                                                                                                                            Andrés Cañas

lunes, 8 de noviembre de 2010

viernes, 15 de octubre de 2010

PROXIMAMENTE PALABRERO 8!! (A fines de Oktubre!)




miércoles, 22 de septiembre de 2010

Maniqueísmo:



MANIQUEISMO:


1. Tendencia a reducir la Ficción (¿?) a una oposición entre el bien y el mal.



CAROLA: - Mamá vení a ayudarme con esto del diccionario... ¡ah, vení que llego un cartero! ¡Dale, dale! Mira dejaron un sobre, ¿será una carta del Edgar?



SU MADRE (llegando desde la cocina media apurada, secándose las manos con repasador, digiriendo toda información de golpe): ― ¡que tanto grito! ¡Quien vino! ¡Que! Capaz, capaz, a ver... toma léemelo...





Queridos mamá y papá:


Después de mucho tiempo les escribo, luego de haber renegado con mis desastres para escribir, y es que de tanto trabajar me e olvidado ya de escribir, porque si algunas veces lo ago es para anotar algunas cosas que hacen falta acá en el campo.


Espero ustedes anden bien allá entre el cemento, igual con todo esto me siento como si no hubiera muchas distancias entre el campo y la ciudad. Están bravas las cosas por acá en el casco de los papis, como le dicen acá los muchachos, que al principio me daba risa como les decían, pero después me acostumbre. Cuando vienen de allá vienen medio enojados los viejos, putean al gobierno, y encima que no llueve. No se que pensaran ustedes pero siento que estamos mal, digo acá en el país. No vamos a quedar ni uno acá en el campo. Están cerrando las casas los albañiles, si ustedes vieran, no voltean las casas en las que antes vivían los que trabajaban en el tambo, sino que tapan ventanas y puertas y listo. Voltean alambrados y disquean, sacan plantas, viejas todas, y le meten siembra nomás. Dejan un tanque maso menos acomodado como para lavar la fumigadora y listo. No se hasta cuando estaremos viviendo acá, hablando con la otra gente por ahí terminamos resignándonos y diciendo que habrá que esperar hasta que los viejos se mueran y ahí cagamos porque los hijos que viven en Buenos Aires no se van a venir ni a palos. Y tampoco van a andar renegando con el tambo ellos hoy en día, sacan cuentas y cuentas y no les da. Por como están las cosas ni se me ocurre pedirle un aumento, miren si me echa, por un lado estaría bien, me pego la vuelta y sigo estudiando, pero allá no hay nada, así que no queda otra. Por allá andaré para mi cumpleaños, ah les cuento que capaz me vean por la tele, vieron que los papis andan metidos en la mesa de enlace esa. Nos invitaron a ir a uno de los cortes esos, dicen que no tenemos que hablar sino queremos, y que no estamos obligados, pero dicen que hay que mostrarle al gobierno que no somos boludos, que si el campo anda bien anda bien todo el país, que no se piensen que acá van a ser como Cuba y que se yo que otras cosas dicen, por dentro me cago de risa, porque me acuerdo de las veces que vengo esperando para que me ponga en blanco, o me acomode un poco la pieza. Pero aprovecho cuando voy, porque les comemos todo. Flores de pedo se agarran los viejos.


Bueno los dejo, tengo que seguir, tenemos que ir a abrir uno de los treinta bolsoncitos que tienen guardados los viejos, ahora que aumento el cereal, a parte los bonitos se van a Europa, al final no les pude contar nada de mi, que se le va a hacer. Respondan alguna vez viejos, saludos a mis hermanos y decile a Carola que estudie mucho por mí.







Con cariño, Edgardo Sáenz











Luciernago Sinluz